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Gómez Fierro, la ley, la oligarquía y el pueblo

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El juez Gómez Fierro no es, como han dicho sus porristas, un defensor de la Constitución y el estado de derecho. Lo han presentado como juzgador solitario resistiendo el embate de un poder político todopoderoso. Y la verdad es que es lo contrario: el gran poder, trasnacional, es de las oligarquías, que en materia energética se manifiesta de manera despiadada, que utiliza a una clase política aliada o dependiente de él, que coloniza así organismos autónomos que deberían controlarle, e incluso al Poder Judicial que debería velar por la garantía de los derechos humanos. Frente a ese poder, ubicuo y corruptor, hay solo una región del Estado controlada por el actual Presidente. Es, entonces, un choque de poder a poder, pero el poder económico está aquí escondido bajo la toga de uno de sus cachorros, una toga estampada en letras grandes con las leyendas “independencia judicial”, “contrapeso”, “estado de derecho”.

PAN: la inmoralidad como espectáculo

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En la historia reciente, procesar penalmente gobernadores cuando se pasan de la raya no es una novedad. Hacerlo con los de Tamaulipas es un poco más frecuente todavía. Cuando detengan a García Cabeza de Vaca habrá, en total, tres detenidos con esa condición. Lo que podría ser novedoso es la desfachatez con que el PAN argumenta que el juicio de desafuero en su contra es un acto más bien autoritario e incluso reclama, con la Alianza Federalista, que el tema se haya vuelto un “espectáculo público”. Hace mucho tiempo, el PAN llegó a tener fuertes disputas por temas que además de ideológicos eran morales y todavía hasta hace poco intentaban defender las buenas costumbres en la vida pública, el Estado de Derecho al menos como simulación. La desfachatez de hoy no la escenificó ni siquiera el PRI con alguno de sus Duarte.

Aroma de farsa

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No sé si estas campañas resulten para el público en general tan poco apasionantes como para mí, si se trata de un estado de ánimo personal, si alguien más advierte poca autenticidad en muchos de los actores políticos, un cierto aroma a farsa. Pienso que sí, que por eso las preferencias para la Cámara de Diputados han permanecido –salvo en Nuevo León, que es siempre especial— tan contundentemente iguales, tan poco dinámicas, impermeables a las campañas virulentas, a los mítines encendidos, a la retórica de revitalización o asesinato de la república que tirios y troyanos han querido cada uno por su lado encumbrar, que puebla los diarios y otros medios de comunicación. Es posible que, para todos, salvo para el México de los políticos y su ecosistema mediático, se trate solamente de otras elecciones intermedias, esos sí, las primeras donde el nuevo régimen y su mayoría se palpan sin la sensación de ser un momento espectacularmente atípico.

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