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A nadie escapa la gravedad de la situación por la pandemia, aunque sí haya una divergencia en los diagnósticos y propuestas de solución siempre mediada por intereses políticos y económicos que pocas veces dejan ver acuerdos o puntos en común.

Quizá por eso sorprende el nuevo desplegado de abajofirmantes mexicanos, que no tiene el tono de otros intentos opositores en este tema, como los muy rápidamente fracasados del gobernador de Jalisco, Enrique Alfaro. Para quien no lo haya visto: la semana pasada, centenas de militantes de la oposición, críticos permanentes de todo lo que tenga que ver con el presidente López Obrador, han hecho otro texto crítico de la política de combate a la pandemia, del que lo que más llamó la atención fue que se llame a cancelar los proyectos prioritarios del gobierno, todos sancionados por las urnas. Le piden, sin más, que se rinda políticamente para combatir la pandemia como único gran proyecto. Para mí es mucho más llamativa la textura antineoliberal del escrito; mucho más ilustrativa del momento que vive México. Me explico.

Los críticos implican que la investigación científica debe ser dirigida a favor del interés público, lo que dicho en voz del gobierno suele leerse siempre como un ataque a la libertad de investigación. En palabras del desplegado, esto debe hacerse no solo para combatir el covid, sino también “en previsión de otras pandemias que, indudablemente, aparecerán en un futuro”. O sea que importa también priorizar la vida sobre otros objetivos de política e investigación, y apoyar la investigación científica implica también en cierta medida mandar sobre la ciencia además de estimularla, en una política de mediano y largo plazo que debe ser comandada por el Estado y estar orientada a restituir sus capacidades en previsión de eventos futuros —algo opuesto a la tendencia de los últimos años.

El segundo acuerdo del que podría hablarse del desplegado en cuestión y el gobierno federal es la urgencia en la provisión de vacunas, lo que depende más de factores geopolíticos —la menor parte de países del mundo ha tenido hasta ahora acceso a la vacuna— que de disponibilidad presupuestal, como suponen los firmantes. Pero no solo México ya ha comprometido la venta de más dosis de las necesarias para vacunar a su población, sino que está por iniciar la fase de vacunación masiva este mismo lunes, mientras ha logrado también, por la vía diplomática, la cooperación de otros países como India para lograr las metas con la mayor prontitud posible. Todo sin cancelar trenes ni otros proyectos, sino con la estrategia de austeridad y gasto de recursos antes ociosos, como los fideicomisos por los que tantas vestiduras se rasgaron. La demanda de cancelar los proyectos prioritarios parece incoherente con el resto del documento y desestima la otra gran dimensión de la crisis, que es económica, que cuesta también vidas, que depende de una reactivación alentada por proyectos de gran calado y que seguramente les merecerá a nuestros intelectuales la redacción de algún otro desplegado, pidiendo que se cancele el programa de gobierno en alguna otra área.